Artesanía A La Vaquera

El artesano, es alguien que disfruta y sufre a partes iguales en el desarrollo de su oficio. Uno más de los sinsabores de su vida es leer la definición que hace la Real Academia de la Lengua Española: “artesanía. 2f. Arte u obra de los artesanos.
Pues apañados estamos….veamos “artesano.Persona que ejercita un arte u oficio meramente mecánico. U. modernamente para referirse a quien hace por su cuenta objetos de uso doméstico imprimiéndoles un sello personal, a diferencia del obrero fabril.” Pues casi peor….

Deberían revisarse estos términos para poner una frontera entre las producciones en serie- que no son más que copias de un modelo original artesano- de aquellas obras que tanto su diseño como su manufactura meticulosa están hechas por una mente creativa en la misma onda que cualquier arte. En Inglaterra ya han tomado cartas en el asunto diferenciándolo con el término “designer maker” pudiendo traducirse como diseñador-creador. Cuando alguien quiere transmitir belleza con sus trabajos, recrear la naturaleza en sus motivos o llegar al sentimiento de las personas se llama arte, vaya seguido de “sano” o no.

En materia práctica de lo que nos interesa a los amantes de la vaquera quiero resaltar las diferencias de algunos artículos de uso diario como son los aparejos, la frenería, las polainas, los zahones, el herraje, y un largo etcétera de toda la parafernalia que rodea este mundo tan denso en el que está inmersa nuestra afición.
Los insensibles suelen valorar los objetos que nutren su guadarnés en cuanto a precio principalmente, a las modas, o a que se lo recomiende un amigo posiblemente con menos criterio. Frases como “…pues a mi me va fenomenal…” puede aplicarse a cualquier objeto según el nivel de conformidad del que opina.

Los aficionados con sensibilidad siempre se decantan por aquellas obras en las que se sabe y se siente como una persona con mucha afición a dedicado ingentes cantidades de horas a mejorar su productos, a hacerlos más bellos, a decorarlos, aún tratándose de objetos que se destinan a un uso muy funcional.

Arte y sensibilidad

Un trozo de piel rajado al centro y atado con un cinturón sirve para protegerse tanto como las obras de arte hechas por los zahoneros. Un freno de hierro liso con una embocadura hace la misma función que esas obras envidia de muchos orfebres que se hacen en las fraguas de gitanería cantadas por el poeta José León. Por fortuna en nuestro paraíso particular, estamos plenos de arte desde el pespunte que nadie ve debajo de la zalea de una montura hasta el motivo del pañuelo, pasando por unos pies bien herrados o un atusado cabal. Los que apreciamos este sentimiento y reconocemos el arte en todos los oficios que nos rodean, disfrutamos de saber que el que hizo nuestro hierro, nuestro mosquero o los zahones que llevamos, los hizo con el máximo esmero, que invirtió muchas horas de trabajo, pero no solo eso, también invirtió muchas horas de sueño pensando como dar aquel toque especial, aquel pespunte, aquel contorno, de cómo subsanar aquello de lo que otros adolecen.

Exclusividad

Sabemos que aquello, aún pareciendo una copia de otros, en realidad es un modelo exclusivo porque cada pieza artesana es única, es imposible de repetir fielmente, cada una tiene su sello personal, muchas de ellas llevan gotas de la sangre, del sudor, del sufrimiento, de la fatiga, del hambre y algunas sólo algunas, llevan residuos de las lágrimas de quien pone su corazón en algo que realmente no está pagado con dinero. La melancolía de desprenderse de un “hijo” que has creado y sabes que nunca volverá a ti, que nunca podrás crear uno igual.

Aquel artesano y su gusto por mejorar constantemente en cuanto estética, a durabilidad, a la funcionalidad óptima, y tantos aspectos de mejora de su producto, no está motivado por las leyes de mercado, de la competencia, de aumentar sus ventas, sino por un amor propio infinito, por la conquista del halago de su cliente, porque desea que su esfuerzo sea reconocido por su público aunque no sea en su totalidad. Claro está, que para un profano, es muy difícil calibrar cuanto esfuerzo y dedicación han dado como fruto esa excelencia en el trabajo.
Y todo eso, amigo, todo eso, se transmite. Son vibraciones grabadas en el noble material que al verlo conectan con quien lo contempla, con el que se sirve de ello, si este tiene “oídos” en el alma para recibirlo.

Sobriedad

 

Aún siendo la vaquera una tradición sobria, sin estridencias, por comparación con otras culturas, observamos que todos nuestros aparejos lucen un diseño espectacular y un derroche de imaginación al decorarlos. Vemos que aplicaciones y detalles que son funcionales necesariamente se convierten por el buen gusto de su autor en un adorno, en algo que aún pareciendo meramente cosmético es en realidad algo útil para su fuerza o durabilidad o buen funcionamiento. Esto se aprecia en la pata de un bocado vaquero, con sus labrados a golpe de yunque y lima si es comparado con cualquier hierro Inglés, portugués o western. Si superponemos unas chaparreras tejanas con un zahón bordado en piel de gato, la diferencia es ostensible. Las polainas con sus bordados y apliques, nuestras monturas con sus conchas moteadas en seda o agujeta, nuestras frontaleras, los mosqueros de borlas….es todo un elenco de color y de arte que acompaña nuestra afición.

Romanticismo

Esta forma de arte práctico no sólo se da en el mundo del caballo, podemos ver una cama antigua con su cabecero en distintos metales con sus formas florales, las cachas de una navaja antigua o el simple cerrojo de una vieja puerta, al que en la fragua no permitían salir a la calle liso y triste, sino muy al contrario, siempre había un corazón con una lima en la mano dispuesto a arrancar de sus entrañas una flor, un pequeño relieve, una gárgola o una vueltecita con gracia.

Los aprendices

Aquellos artesanos antiguos narraban como para formarse iban a un taller de la especialidad elegida y a cambio de comida y cama, trabajaban y se formaban en su oficio desde la práctica, la observación y las charlas con su maestro. Seguidamente, formaban su propio taller o prestaban sus servicios en otro. Algunos más ambiciosos aprendían la técnica de hacer guarniciones de enganche, seguidamente a cambio de posada y sin ninguna otra remuneración ingresaban en otro taller donde aprendían a hacer armazones de centeno para las monturas y así irse formando en distintas habilidades del mismo oficio. Eran tiempos románticos, tiempos en los que si alguien te enseñaba como ganarte la vida era muy valorado y esto se pagaba con el respeto y la admiración hacia tu maestro, el respeto del que te enseñó el camino y la admiración del que te enseñó un porcentaje grande de su sabiduría aunque nunca el cien por cien.

Autodidacta

Estos mismos artesanos, con muchos años de oficio práctico, terminaban siendo maestros y así hemos traído al presente aquellas antiguas técnicas.

Una casta superior son aquellos que nunca tuvieron maestro, que sus únicos maestros fueron las obras de siglos atrás, las fuentes en las que beber, aquellos llamados “autodidactas”…Paco de Lucía, Graham Bell, Leonardo Da Vinci, Van Gogh y un sinfín de grandes artistas revolucionarios del arte y de las ciencias.

La virtud de aquel que es capaz intelectualmente de llegar a su propia formación es que nunca llega a completarla. El autodidacta es alguien que llega a conclusiones provisionales sin llegar nunca a resultados definitivos, es por eso que su mente siempre está abierta, en constante investigación, buscando la belleza, la funcionalidad, la excelencia.

Nunca llega a conformarse con el resultado de sus obras, siempre quiere algo más y siempre la última es la mejor, pero sin llegar a satisfacerle plenamente. Antonio López, pintor hiperrealista, se definió como “un autodidacta en continuo aprendizaje” .
La delgada línea que nadie acierta a situar entre el arte y la artesanía es muy delgada.

Una pieza de porcelana china de la dinastía Ming, era una pieza de utilidad (teteras, vajillas,etc) que eran producidas en serie y decoradas a mano con esmero, hoy en día son obras de arte muy valiosas; si hoy en día un artesano crea una porcelana tan bellamente decorada es una pieza de alfarería o una obra de arte?

En la actualidad una obra de arte es algo que no tiene utilidad? Estas son preguntas que me hago a diario y pienso que en el guadarnés de muchos aficionados hay más de una obra de arte, sean estas más antiguas o más actuales.

Y eso es lo que sienten algunas personas que bregan un caballo bien domado, con su herraje correcto, pegando “mosquerazos” de seda, con unos zahones dignos del arte árabe, su montura moteada al mínimo detalle, su hierro florido, su traje de corto, sus polainas…..Cuantos años de pensar, estudiar, ensayar, han llevado a esto que hoy tenemos? Debemos dar la justa importancia a todo esto que hemos heredado y disfrutar de su uso, de su tacto y abrir el alma para sentir aquello que nos transmiten a gritos.

Cuando conseguimos eso, la presunción y la ostentación quedan al margen.

Leo Zoreda
Maestro Guarnicionero

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